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7 oct 20263 min de lectura#opinion#oea#jne#erm-2026#lima#legitimidad-electoral#actas-ob

La OEA observa mientras el JNE no resuelve: la legitimidad que se busca fuera del país

El canciller recibió a la misión de observación electoral en pleno conteo, con la alcaldía de Lima aún sin definirse y 1,921 actas capitalinas pendientes en los jurados especiales.

Por Qhawaq

Portada: La OEA observa mientras el JNE no resuelve: la legitimidad que se busca fuera del país

La fotografía oficial no equivale a un resultado

El canciller Carlos Espá recibió el 5 de octubre a Víctor Rico Frontaura, jefe de la Misión de Observación Electoral de la OEA para las elecciones regionales y municipales, y destacó que la observancia de la OEA y sus recomendaciones "han contribuido a brindar garantías en los procesos electorales peruanos" (Andina). La imagen transmite normalidad, pero la normalidad no está en las actas: mientras se exhibía a la misión internacional, el JNE seguía sin proclamar a los ganadores de Lima (El Comercio). El mandato de la misión es claro. Por el acuerdo suscrito en septiembre entre el JNE y la OEA, los observadores pueden conocer los procedimientos, acceder a los centros de cómputo e informar al organismo electoral sobre irregularidades (Latina). Observar, informar, recomendar: en ningún punto de ese mandato se resuelve un acta.

Los números que definen Lima siguen en suspenso

Al 92.921% de actas contabilizadas (a las 5 p.m. del lunes), la lista de Renovación Popular, con Rafael López Aliaga, tiene 27.703% de los votos (1,444,201 votos) y la de Avanza País, con Francis Allison, 26.841% (1,399,280 votos); los separan 44,921 votos (El Comercio). La definición, sin embargo, no depende de esa diferencia, sino de un bloque mayor: de las 26,351 mesas de sufragio de la capital, solo 24,430 actas (el 92.710%) fueron contabilizadas, y las 1,921 restantes (el 7.290%) fueron enviadas a los jurados electorales especiales por estar observadas, impugnadas o con pedido de nulidad (El Comercio). Es decir, la suerte de la alcaldía está en actas cuyo contenido todavía no se contabiliza. Y el trámite no tiene plazo fijo: el propio JNE reconoció que todavía no puede fijar una fecha para Lima y que el tope del 28 de octubre solo rige para los gobiernos regionales que van a segunda vuelta (El Comercio).

La demora no es un accidente: es el diseño

El presidente del JNE, Roberto Burneo, estimó que los resultados finales se conocerían entre los últimos días de octubre y los primeros de noviembre (RPP). El senador Francisco Calisto, de Renovación Popular (el partido de López Aliaga), lo resumió con crudeza: "el sistema como tal no está funcionando", y pidió optimizar y tecnificar el proceso (RPP). No es un puñado de mesas extraviadas: antes de la jornada, el vocero del JNE proyectaba alrededor de 20,000 actas observadas a escala nacional (Latina). La demora, entonces, es un rasgo estructural del diseño electoral peruano, no una sorpresa de este conteo.

Qué significa esto para el ciudadano

La legitimidad no es un trámite diplomático; es saber quién te gobierna. Mientras el Ejecutivo recibe a la OEA, el vecino de Lima no sabe quién administrará su distrito ni su municipio: qué pasa con las licencias, el serenazgo, las obras que se prometieron. La indefinición deja en suspenso la transición hacia las gestiones entrantes: qué gestión asumirá el presupuesto, las transferencias y las obras. La observación internacional puede avalar la forma del proceso, pero la certeza la tiene que producir el árbitro doméstico, con plazos y con resultados. Una misión que toma nota no devuelve la confianza si el resultado tarda semanas en llegar.

La OEA observa; el Perú espera. La legitimidad no se importa de afuera: se produce aquí, en la rapidez y la claridad con que el JNE resuelve lo que el voto ya decidió.

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